DC se allana a acuerdo para que la Concertación explore pacto con todas las fuerzas opositoras
Líderes del bloque definieron "abrir un diálogo político" desde el conglomerado "con todas las fuerzas de oposición". Hoy, las comisiones municipales comenzarán el trabajo de una estrategia de cara a la elección de 2012.
A pleno sol, en una actividad organizada al mediodía de ayer en la Plaza de Armas, el presidente DC, Ignacio Walker, y su par del PPD, Carolina Tohá, se encontraron cara a cara por primera vez en la semana, tras la serie de declaraciones por los acercamientos de dirigentes con fuerzas ajenas a la Concertación.
Un abrazo y una conversación que duró algunos segundos fue el corolario de un encuentro que sirvió como antesala para la cita de los cuatro presidentes del bloque opositor, que se extendió por más de tres horas en la casa del senador democratacristiano en la comuna de Vitacura.
La cena, que se inició cerca de las 21 horas, partió con la "inquietud", manifestada por Walker, entre las filas democratacristianas por las declaraciones a favor de una rearticulación que incluya a todas las fuerzas opositoras, desde el PRI hasta el PRO -movimiento de Marco Enríquez-Ominami-, tesis planteada inicialmente por el presidente del PS, Osvaldo Andrade.
En varios sectores de la DC existe resistencia a buscar un entendimiento con el ex candidato presidencial, quien ha criticado con dureza la idea de una alianza electoral con la Concertación.
Luego, los demás jefes de partido hicieron uso de la palabra para explicar al senador DC la postura de sus respectivas colectividades y buscar puntos de acuerdo que permitieran fijar una hoja de ruta del bloque opositor para los próximos meses.
Así, y tras dos horas de análisis, los cuatro dirigentes decidieron consolidar los acuerdos alcanzados a través de una declaración pública, que redactaron en conjunto. El texto parte con la proclamación del "inicio de una nueva etapa" y la reafirmación de que la Concertación "aspira a ser gobierno en 2014 "sobre la base de una nueva mayoría social y política".
"Queremos proponer un nuevo proyecto para Chile, en una clara perspectiva de futuro, asumiendo los nuevos desafíos del siglo XXI. En la construcción de este nuevo proyecto abriremos un diálogo y debate con todas las fuerzas políticas, sociales y ciudadanas. Con este objetivo hemos resuelto instalar un equipo de la Concertación que coordine este esfuerzo".
Así, el bloque opositor se organizará a través de sus equipos municipales para elaborar una estrategia electoral de la Concertación y una propuesta municipal, con la cual abrirán el diálogo con todas las fuerzas ajenas a la coalición.
Lo último acoge la tesis planteada la semana pasada en el informe de la comisión municipal PPD, que fue refrendada el sábado a través del voto político aprobado por su directiva nacional.
"Esta reunión superó con creces las expectativas que me había planteado. Primero que se haga el diálogo y después las conclusiones. Tomaremos contacto con el PRO cuando sea partido porque éste es un diálogo entre partidos institucionalizados", dijo Andrade.
La cita se cerró con un brindis entre los cuatro jefes de partido, quienes socializarán hoy los acuerdos alcanzados.
''La Concertación inicia una nueva etapa. Para ello, hemos decidido, desde la Concertación:
Proponer un nuevo proyecto para Chile, en una clara perspectiva de futuro, asumiendo los nuevos desafíos del siglo XXI. En la construcción de este nuevo proyecto abriremos un diálogo y debate con todas las fuerzas políticas, sociales y ciudadanas. Con este objetivo, hemos resuelto instalar un equipo de la Concertación que coordine este esfuerzo (...) Abrir un diálogo político, desde la Concertación, con todas las fuerzas de oposición".
DECLARACIÓN DE PRESIDENTESDE LA CONCERTACIÓN
martes, 23 de noviembre de 2010
domingo, 21 de noviembre de 2010
Benedictino XVI aprueba el uso del preservativo
Benedicto XVI aceptó el uso del preservativo "en algunos casos" para "reducir los riesgos de contagio" del virus del sida, algo que ningún otro Papa dijo antes, en un libro de entrevistas que debe salir a la venta el martes.
A la pregunta: "¿No está la Iglesia católica fundamentalmente en contra de la utilización de los preservativos?", el Sumo Pontífice respondió: "en algunos casos, cuando la intención es reducir el riesgo de contagio, incluso puede ser un primer paso para abrir la vía a una sexualidad más humana, vivida de otro modo".
El libro de entrevistas, escrito por un periodista alemán, titulado "La luz del mundo", abarca un gran número de temas, entre los que destacan: la pedofilia, celibato, ordenación de mujeres y la relación con el Islam.
Hasta ahora el Vaticano había prohibido toda forma de contracepción, aparte de la abstinencia sexual, para prevenir las enfermedad de transmisión sexual.
A la pregunta: "¿No está la Iglesia católica fundamentalmente en contra de la utilización de los preservativos?", el Sumo Pontífice respondió: "en algunos casos, cuando la intención es reducir el riesgo de contagio, incluso puede ser un primer paso para abrir la vía a una sexualidad más humana, vivida de otro modo".
El libro de entrevistas, escrito por un periodista alemán, titulado "La luz del mundo", abarca un gran número de temas, entre los que destacan: la pedofilia, celibato, ordenación de mujeres y la relación con el Islam.
Hasta ahora el Vaticano había prohibido toda forma de contracepción, aparte de la abstinencia sexual, para prevenir las enfermedad de transmisión sexual.
Las clases en la educación chilena
El ministro Lavín anunció un aumento en las horas de lenguaje y matemática y una disminución de las de historia.
¿Es bueno o es malo ese cambio?
Presenta problemas, es cierto. Pero, así y todo, varias razones llevan a pensar que es bueno.
La principal de todas es obvia.
Saber leer y escribir es el más primordial de todos los saberes y la llave para cualquier otro. Si un niño no comprende lo que lee —si apenas junta las letras— es imposible que entienda un relato histórico o se acerque reflexivamente a un acontecimiento. Y eso es lo que ocurre especialmente en los sectores más pobres (que son los que importan). Así entonces para que los peor situados mejoren es indispensable aumentar las horas de lenguaje (y de matemáticas).
Hay literatura que apoya esa conclusión.
Basil Bernstein —un sociólogo de la educación progresista como el que más— sugirió que el código lingüístico se diferencia según la clase social. Hay un código restringido (dependiente del contexto y concreto) y otro elaborado (más abstracto). Y ocurre, dijo Berstein, que los más pobres (que desarrollan actividades concretas) tienden a socializar a sus hijos inevitablemente en un código restringido, en tanto las clases media y alta en un código más elaborado (el que se usa en la administración y en los negocios).
Y como la escuela emplea un código elaborado, el resultado es obvio: los pobres son los perjudicados. No es que sean menos inteligentes o menos talentosos: su código lingüístico es más concreto y está más distante de la transmisión que se efectúa en la escuela.
Eso explicaría por qué las metodologías activas de enseñanza (esas donde se espera que los niños desarrollen actividades por sí mismos, en base a guías escritas) funcionan poco o nada en sectores más deprivados. Y eso explicaría también por qué el constructivismo (la metodología tendiente a que los niños integren la información de manera inductiva) fracasa en los sectores más pobres.
La razón —si, por hipótesis, le creemos a Bernstein— sería la distancia entre el código lingüístico del niño y el que se emplea en la escuela. Y esa distancia —que experimentan todos— es mucho mayor en los niños pobres.
Esforzarse entonces por acortar la brecha entre el lenguaje del niño y el de la escuela —es decir, concentrar esfuerzos en desarrollar las habilidades de lectoescritura— puede favorecer más a los pobres que a los de mayores ingresos ¿Cómo oponerse entonces a una medida semejante? Se ha sugerido que las clases de historia también contribuyen a mejorar las habilidades de lectoescritura ¿hay que atender a ese argumento que, de ser cierto, conduciría a transformar la medida que anunció Lavín en algo relativamente retórico?
Para que las clases de historia puedan contribuir a alcanzar objetivos específicos de lectoescritura sería necesario un currículum altamente integrado. Un currículum de ese tipo, en el que los contenidos están abiertos y se relacionan unos con otros, es difícil de llevar a la práctica —Berstein de nuevo— porque altera las relaciones de jerarquía y de autoridad en la sala de clases.
Y ocurre que esas relaciones de jerarquía y de autoridad son imprescindibles —aunque suene políticamente incorrecto decirlo— para adquirir ciertas competencias cerradas (como la lectoescritura).
Así, en lo grueso, la medida está bien orientada.
Y es que no está en debate qué tan importante es la historia para la vida cívica. Lo que se está discutiendo es cómo mejorar las capacidades de aprendizaje —de historia, filosofía o cualquier otra cosa— especialmente de aquellos niños que por razones de clase social y de desigualdad en la división del trabajo arriesgan el peligro, no ya de no saber historia o no poder situarse reflexivamente frente a ella, sino de no saber leer.
El problema que urge atender no es de cultura, en el sentido aristocratizante de esa palabra, sino de desigualdad en recursos y en códigos.
En una palabra, el problema es de clases.
¿Es bueno o es malo ese cambio?
Presenta problemas, es cierto. Pero, así y todo, varias razones llevan a pensar que es bueno.
La principal de todas es obvia.
Saber leer y escribir es el más primordial de todos los saberes y la llave para cualquier otro. Si un niño no comprende lo que lee —si apenas junta las letras— es imposible que entienda un relato histórico o se acerque reflexivamente a un acontecimiento. Y eso es lo que ocurre especialmente en los sectores más pobres (que son los que importan). Así entonces para que los peor situados mejoren es indispensable aumentar las horas de lenguaje (y de matemáticas).
Hay literatura que apoya esa conclusión.
Basil Bernstein —un sociólogo de la educación progresista como el que más— sugirió que el código lingüístico se diferencia según la clase social. Hay un código restringido (dependiente del contexto y concreto) y otro elaborado (más abstracto). Y ocurre, dijo Berstein, que los más pobres (que desarrollan actividades concretas) tienden a socializar a sus hijos inevitablemente en un código restringido, en tanto las clases media y alta en un código más elaborado (el que se usa en la administración y en los negocios).
Y como la escuela emplea un código elaborado, el resultado es obvio: los pobres son los perjudicados. No es que sean menos inteligentes o menos talentosos: su código lingüístico es más concreto y está más distante de la transmisión que se efectúa en la escuela.
Eso explicaría por qué las metodologías activas de enseñanza (esas donde se espera que los niños desarrollen actividades por sí mismos, en base a guías escritas) funcionan poco o nada en sectores más deprivados. Y eso explicaría también por qué el constructivismo (la metodología tendiente a que los niños integren la información de manera inductiva) fracasa en los sectores más pobres.
La razón —si, por hipótesis, le creemos a Bernstein— sería la distancia entre el código lingüístico del niño y el que se emplea en la escuela. Y esa distancia —que experimentan todos— es mucho mayor en los niños pobres.
Esforzarse entonces por acortar la brecha entre el lenguaje del niño y el de la escuela —es decir, concentrar esfuerzos en desarrollar las habilidades de lectoescritura— puede favorecer más a los pobres que a los de mayores ingresos ¿Cómo oponerse entonces a una medida semejante? Se ha sugerido que las clases de historia también contribuyen a mejorar las habilidades de lectoescritura ¿hay que atender a ese argumento que, de ser cierto, conduciría a transformar la medida que anunció Lavín en algo relativamente retórico?
Para que las clases de historia puedan contribuir a alcanzar objetivos específicos de lectoescritura sería necesario un currículum altamente integrado. Un currículum de ese tipo, en el que los contenidos están abiertos y se relacionan unos con otros, es difícil de llevar a la práctica —Berstein de nuevo— porque altera las relaciones de jerarquía y de autoridad en la sala de clases.
Y ocurre que esas relaciones de jerarquía y de autoridad son imprescindibles —aunque suene políticamente incorrecto decirlo— para adquirir ciertas competencias cerradas (como la lectoescritura).
Así, en lo grueso, la medida está bien orientada.
Y es que no está en debate qué tan importante es la historia para la vida cívica. Lo que se está discutiendo es cómo mejorar las capacidades de aprendizaje —de historia, filosofía o cualquier otra cosa— especialmente de aquellos niños que por razones de clase social y de desigualdad en la división del trabajo arriesgan el peligro, no ya de no saber historia o no poder situarse reflexivamente frente a ella, sino de no saber leer.
El problema que urge atender no es de cultura, en el sentido aristocratizante de esa palabra, sino de desigualdad en recursos y en códigos.
En una palabra, el problema es de clases.
Qué hacer con la marihuana
Los contrarios a la legalización y despenalización señalan que es un retroceso permitir el consumo de marihuana, una sustancia tóxica, en circunstancia que se pretende disminuir el consumo del tabaco.
La marihuana polariza a la opinión pública en muchos países. La consulta más reciente tuvo lugar en las urnas de California, en las elecciones legislativas del 2 de noviembre. Allí los electores de dicho estado debieron pronunciarse frente a la “Propuesta 19”, que autorizaba a los mayores de 21 años la posesión de hasta 28,35 gramos de marihuana y tener cultivos hasta de 2,34 metros cuadrados. El veredicto popular fue: 53% en contra y 46% a favor.
Uno de los más destacados abogados de la legalización de la hierba fue el filántropo estadounidense George Soros, que donó un millón de dólares a la campaña por el sí. Soros dijo que las leyes contra la marihuana “hoy hacen más daño que lo que aportan de bueno, ya que no han logrado prevenir que sea la sustancia ilegal más consumida en Estados Unidos y en otros países”. En lo que toca a las cárceles, agregó, a causa del prohibicionismo son detenidas cada año unas 750 mil personas por tener pequeñas cantidades de marihuana.
“Esos arrestos suponen 40% de todos los relacionados con (la persecución del) narcotráfico”, puntualizó Soros, que agregó que “la única forma de reducir el delito, la violencia y la corrupción narco es legalizar la marihuana”. El magnate citó a la Comisión Latinoamericana sobre la Democracia y las Drogas, integrada por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; César Gaviria, de Colombia; y Ernesto Zedillo, de México, de incluir la despenalización de la marihuana entre sus recomendaciones de política antidrogas. Por su parte, Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia, declaró: “No podemos seguir poniendo los muertos y los países consumidores llevándose los beneficios de la lucha antidrogas”.
En México el debate es seguido con la mayor atención. El contrabando de marihuana, desde el país a Estados Unidos, les aporta unos 1.500 millones de dólares a los carteles mexicanos. Este monto representa alrededor de 20% de sus ingresos. Los partidarios de la despenalización argumentan que si los ciudadanos pueden tener sus cultivos ya no comprarán la hierba a los narcotraficantes. En teoría debería ser así: allí donde no hay demanda pronto desaparece la oferta. Es lo que sostenía Milton Friedman, el gurú del neoliberalismo que era partidario de legalizar el comercio de ciertas drogas.
El ex Presidente de México Vicente Fox, que gobernó el país entre 2000 y 2006, viene de declarar que permitir la venta de marihuana contribuiría a combatir “la violencia y para el tema de la salud pública en función del consumo de drogas”.
Calderón, pese a oponerse, se ha abierto a un debate nacional sobre el tema. Varios de los probables candidatos para las elecciones presidenciales mexicanas de 2012 han dicho que apoyarán la legalización de la marihuana si California llegase a votar por ella.
El país más liberal en materia de drogas es Holanda. Allí, sin embargo, unos 30 mil hogares en La Haya y Rotterdam recibieron tarjetas que se raspan y emiten el olor del cannabis. El propósito es que la gente identifique las plantas y denuncie plantaciones ilegales.
Desde 1976 está despenalizada la tenencia de cinco gramos de cannabis para uso personal o disponer de cinco plantas de hierba. Pero los encargados de la política de drogas estiman que en el país hay unas 40 mil plantaciones ilegales de cannabis escondidas en casas, bodegas y galpones. Cada año en Rotterdam son detectadas más de 200 plantaciones ilícitas.
Los contrarios a la legalización y despenalización señalan que es un retroceso permitir el consumo de marihuana, una sustancia tóxica, en circunstancia que se pretende disminuir el consumo del tabaco. La marihuana tiene, además, el agravante de alterar la conciencia y es causa de numerosos accidentes laborales y de tráfico, amén de ser adictiva y provocar en ciertos casos problemas sicológicos.
La marihuana polariza a la opinión pública en muchos países. La consulta más reciente tuvo lugar en las urnas de California, en las elecciones legislativas del 2 de noviembre. Allí los electores de dicho estado debieron pronunciarse frente a la “Propuesta 19”, que autorizaba a los mayores de 21 años la posesión de hasta 28,35 gramos de marihuana y tener cultivos hasta de 2,34 metros cuadrados. El veredicto popular fue: 53% en contra y 46% a favor.
Uno de los más destacados abogados de la legalización de la hierba fue el filántropo estadounidense George Soros, que donó un millón de dólares a la campaña por el sí. Soros dijo que las leyes contra la marihuana “hoy hacen más daño que lo que aportan de bueno, ya que no han logrado prevenir que sea la sustancia ilegal más consumida en Estados Unidos y en otros países”. En lo que toca a las cárceles, agregó, a causa del prohibicionismo son detenidas cada año unas 750 mil personas por tener pequeñas cantidades de marihuana.
“Esos arrestos suponen 40% de todos los relacionados con (la persecución del) narcotráfico”, puntualizó Soros, que agregó que “la única forma de reducir el delito, la violencia y la corrupción narco es legalizar la marihuana”. El magnate citó a la Comisión Latinoamericana sobre la Democracia y las Drogas, integrada por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; César Gaviria, de Colombia; y Ernesto Zedillo, de México, de incluir la despenalización de la marihuana entre sus recomendaciones de política antidrogas. Por su parte, Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia, declaró: “No podemos seguir poniendo los muertos y los países consumidores llevándose los beneficios de la lucha antidrogas”.
En México el debate es seguido con la mayor atención. El contrabando de marihuana, desde el país a Estados Unidos, les aporta unos 1.500 millones de dólares a los carteles mexicanos. Este monto representa alrededor de 20% de sus ingresos. Los partidarios de la despenalización argumentan que si los ciudadanos pueden tener sus cultivos ya no comprarán la hierba a los narcotraficantes. En teoría debería ser así: allí donde no hay demanda pronto desaparece la oferta. Es lo que sostenía Milton Friedman, el gurú del neoliberalismo que era partidario de legalizar el comercio de ciertas drogas.
El ex Presidente de México Vicente Fox, que gobernó el país entre 2000 y 2006, viene de declarar que permitir la venta de marihuana contribuiría a combatir “la violencia y para el tema de la salud pública en función del consumo de drogas”.
Calderón, pese a oponerse, se ha abierto a un debate nacional sobre el tema. Varios de los probables candidatos para las elecciones presidenciales mexicanas de 2012 han dicho que apoyarán la legalización de la marihuana si California llegase a votar por ella.
El país más liberal en materia de drogas es Holanda. Allí, sin embargo, unos 30 mil hogares en La Haya y Rotterdam recibieron tarjetas que se raspan y emiten el olor del cannabis. El propósito es que la gente identifique las plantas y denuncie plantaciones ilegales.
Desde 1976 está despenalizada la tenencia de cinco gramos de cannabis para uso personal o disponer de cinco plantas de hierba. Pero los encargados de la política de drogas estiman que en el país hay unas 40 mil plantaciones ilegales de cannabis escondidas en casas, bodegas y galpones. Cada año en Rotterdam son detectadas más de 200 plantaciones ilícitas.
Los contrarios a la legalización y despenalización señalan que es un retroceso permitir el consumo de marihuana, una sustancia tóxica, en circunstancia que se pretende disminuir el consumo del tabaco. La marihuana tiene, además, el agravante de alterar la conciencia y es causa de numerosos accidentes laborales y de tráfico, amén de ser adictiva y provocar en ciertos casos problemas sicológicos.
viernes, 19 de noviembre de 2010
PERDÓNAME II
Tu que estas leyendo estas lineas, presta mayor atención, es a ti a quien me dirijo con todo mi corazón:... Te pido perdón, si en algún momento te ofendí, te pido perdón si alguna vez al juzgarte me excedi, te pido perdón, si alguna expresión mía, decepcionó tu corazón, te pido perdón si alguna actitud mía, no fue la mejor causa o razón, Perdóname... Perdóname si te causé algún sufrir, créeme que me arrepiento, Perdóname si algún dolor te hize sentir, créeme que lo lamento, No quiero causarte más heridas, No quiero hacer cosas indebídas... Pero ya vez, soy también un ser con defectos, pero te quiero y te pido perdón, si alguna vez te hize llorar, hacerlo no fue mi intención, por favor no me guardes rencor, en mi alma, es el mayor temor, Por piedad y misericordia te pido, mil veces perdónes mi error, no son tan solo palabras, ni olvidolas penas que habitan en tu interior, Dime que puedo hacer y desaparezcan tus resentimientos, verte feliz, eso anhelo y que tengas benditos momentos, por eso es mejor perdonar,se vive mejor el amar...
Por favor perdóname, eres parte de mi ser, suplico me perdones, ya se que no es tu deber, tal vez no me conozcas muy bien, pero se lo que es el querer, ahora comprendes?, perdonar es volver a nacer, Sábes porqué te lo pido,porque yo ya te he perdonado...(MONI)¡TE AMO MUCHOOO¡
Por favor perdóname, eres parte de mi ser, suplico me perdones, ya se que no es tu deber, tal vez no me conozcas muy bien, pero se lo que es el querer, ahora comprendes?, perdonar es volver a nacer, Sábes porqué te lo pido,porque yo ya te he perdonado...(MONI)¡TE AMO MUCHOOO¡
Perdóname
Perdóname mi amor, por que se que a veces me enojo, pero si supieras lo que mi corazónsiente cuando te alejas, perdóname, porque no se controlaresto que siento por ti, perdóname mi amor por sentirte mío, pero si yo le digo a mi corazón que no eres nuestro pero el no entiende, solo sabe que te tiene atrapado en el, que cada latido que da, vas tu , perdóname, porque hasta en mi sangrete siento, perdóname mi amor, porque tal vez de tanto que te quiero te enfado, pero mi amor, si tan solo oir tu voz me alegra el día, cuando estas cerca todo mi mundo se ve perfecto, y es que tu mi amor, para mi eres como elaire que respirar, como el sol que sale todos los días, por eso mi amor, si me enojo y te enfado, te pido perdón... sí mi amor PERDONAME por amarte tanto....
Dedicado a la persona que me hizo conocer el verdadero amor....MONI TE AMO
Dedicado a la persona que me hizo conocer el verdadero amor....MONI TE AMO
Nueva derecha versus nueva izquierda
El debate sobre la invariabilidad tributaria del royalty, según se dice, obtuvo el respaldo de Escalona y Lagos W. para impedir que la DC -o un grupo de ésta- se fuera de la Concertación.
“¡Momios!”, Le gritaba Palestro a la derecha en el Parlamento en los años 60 mientras la izquierda lideraba las luchas sociales. Hoy esa derecha abre el debate sobre cómo constituirse en “nueva derecha” que le permita gobernar un ciclo largo. En tanto, la izquierda no debate nada, y algunos dirigentes partidarios persiguen a los centros de estudios que no son de su “línea de pensamiento”. Se merecerían que ya alguien en el Parlamento -pues la calle ya lo intuye- les grite “¡momios!”.
¿Qué ha ocurrido para que la izquierda, de larga tradición intelectual y permanentemente crítica del orden desigual y de libertades restringidas, se haya desdibujado en discursos de autoalabanza por la administración de la moderación de la desigualdad y por el apoyo a la cristalización de un orden constitucional claramente centralista y autoritario? ¿Qué sucedió para que temas básicos del pensamiento marxista e incluso liberal fuesen abandonados en nombre del “interés superior” de la nación, cuando ésta claramente pertenece más a unos que al mayoritario “otros”?
Responder estas interrogantes no es simple. Sin embargo, se pueden adelantar algunas ideas. El triunfo del No en 1988 marcaba la derrota electoral de la dirección del proyecto autoritario y neoliberal, pero no su derrota político-institucional, que se suponía se realizaría en la transición con el amplio respaldo social y legitimidad nacional e internacional de la Concertación. Ese propósito no se concretó, pues no hubo nueva Constitución y tampoco reforma al sistema económico, que impidiera seguir reproduciendo las desigualdades vía una estructura tributaria regresiva, la concentración monopólico-financiera y la pérdida del control sobre los recursos naturales.
El debate sobre la invariabilidad tributaria del royalty, según se dice, obtuvo el respaldo de Escalona y Lagos W. para impedir que la DC -o un grupo de ésta- se fuera de la Concertación.
Entonces, si una coalición no sirve para concretar un programa, menos servirá para conquistar un gobierno. Se podrá argumentar que la “correlación de fuerzas” no lo permitía, que la DC no estaba disponible, que la sensibilidad de la ciudadanía no estaba disponible para conflictos agudos.
Está bien, pero mientras eso ocurría hicimos muy poco para ciudadanizar la política, organizar al pueblo, respaldar la prensa democrática, apoyar la educación pública y la organización estudiantil, o en vincular a los intelectuales críticos con los partidos, entre otras cosas. Es decir, se abandonó todo el aprendizaje gramsciano de consolidar una hegemonía en los centros de producción de las ideas y la cultura, alentando la creación libertaria, audaz, contestataria, capaz de entusiasmar a las generaciones jóvenes y renovar a los viejos.
A su vez, en el mundo del trabajo se desalentó la sindicalización sin ponerla en la agenda programática y respaldando a una burocracia que perdía legitimidad ante sus asociados, y con ello los partidos de izquierda fueron perdiendo su columna vertebral, para transformarse en partidos de funcionarios públicos y militantes de la tradición sesentera.
La “renovación socialista” se fue haciendo liberal en lo económico y conservadora en lo cultural.
Se comenzaron a justificar las destituciones de funcionarios que apoyaban la educación sexual en los liceos; se echó de cargos públicos a aquéllos que promovían las campañas por el uso de anticonceptivos entre los jóvenes; se amenazó a parlamentarios que abogaban por las libertades individuales, constituyéndose un pensamiento autoritario y conservador en la izquierda que le modificó su identidad bajo el argumento de que todo era válido con tal de mantener la Concertación, pues de otro modo perdíamos el gobierno, y si se perdía el gobierno perdía el pueblo.
Es decir, un sofisma autojustificatorio del abandono del espíritu crítico, de la capacidad transformadora para enredarse en algo parecido a la reflexión del marxismo autoritario: nosotros representamos los intereses del pueblo y quien esté contra este pensamiento es un enemigo del pueblo.
Bien, una tarea clave es reponer la legitimidad del pensamiento crítico y de reclamar coherencia con las prácticas políticas. No se trata de terminar la alianza del centro con la izquierda o de “matar” a la Concertación, sino que se trata de revitalizar a la izquierda para que exista, con pensamiento propio y nuevas identidades -ni escondida en el progresismo ni chantajeada por el centro-, como expresión de mayorías, en vez de conformarse con lánguidos apoyos electorales.
En este sentido, hay que rescatar la virtud de tener un programa claro, pues las cosas no pueden relativizarse tanto como para abandonarlo en pos de lo menos malo.
“¡Momios!”, Le gritaba Palestro a la derecha en el Parlamento en los años 60 mientras la izquierda lideraba las luchas sociales. Hoy esa derecha abre el debate sobre cómo constituirse en “nueva derecha” que le permita gobernar un ciclo largo. En tanto, la izquierda no debate nada, y algunos dirigentes partidarios persiguen a los centros de estudios que no son de su “línea de pensamiento”. Se merecerían que ya alguien en el Parlamento -pues la calle ya lo intuye- les grite “¡momios!”.
¿Qué ha ocurrido para que la izquierda, de larga tradición intelectual y permanentemente crítica del orden desigual y de libertades restringidas, se haya desdibujado en discursos de autoalabanza por la administración de la moderación de la desigualdad y por el apoyo a la cristalización de un orden constitucional claramente centralista y autoritario? ¿Qué sucedió para que temas básicos del pensamiento marxista e incluso liberal fuesen abandonados en nombre del “interés superior” de la nación, cuando ésta claramente pertenece más a unos que al mayoritario “otros”?
Responder estas interrogantes no es simple. Sin embargo, se pueden adelantar algunas ideas. El triunfo del No en 1988 marcaba la derrota electoral de la dirección del proyecto autoritario y neoliberal, pero no su derrota político-institucional, que se suponía se realizaría en la transición con el amplio respaldo social y legitimidad nacional e internacional de la Concertación. Ese propósito no se concretó, pues no hubo nueva Constitución y tampoco reforma al sistema económico, que impidiera seguir reproduciendo las desigualdades vía una estructura tributaria regresiva, la concentración monopólico-financiera y la pérdida del control sobre los recursos naturales.
El debate sobre la invariabilidad tributaria del royalty, según se dice, obtuvo el respaldo de Escalona y Lagos W. para impedir que la DC -o un grupo de ésta- se fuera de la Concertación.
Entonces, si una coalición no sirve para concretar un programa, menos servirá para conquistar un gobierno. Se podrá argumentar que la “correlación de fuerzas” no lo permitía, que la DC no estaba disponible, que la sensibilidad de la ciudadanía no estaba disponible para conflictos agudos.
Está bien, pero mientras eso ocurría hicimos muy poco para ciudadanizar la política, organizar al pueblo, respaldar la prensa democrática, apoyar la educación pública y la organización estudiantil, o en vincular a los intelectuales críticos con los partidos, entre otras cosas. Es decir, se abandonó todo el aprendizaje gramsciano de consolidar una hegemonía en los centros de producción de las ideas y la cultura, alentando la creación libertaria, audaz, contestataria, capaz de entusiasmar a las generaciones jóvenes y renovar a los viejos.
A su vez, en el mundo del trabajo se desalentó la sindicalización sin ponerla en la agenda programática y respaldando a una burocracia que perdía legitimidad ante sus asociados, y con ello los partidos de izquierda fueron perdiendo su columna vertebral, para transformarse en partidos de funcionarios públicos y militantes de la tradición sesentera.
La “renovación socialista” se fue haciendo liberal en lo económico y conservadora en lo cultural.
Se comenzaron a justificar las destituciones de funcionarios que apoyaban la educación sexual en los liceos; se echó de cargos públicos a aquéllos que promovían las campañas por el uso de anticonceptivos entre los jóvenes; se amenazó a parlamentarios que abogaban por las libertades individuales, constituyéndose un pensamiento autoritario y conservador en la izquierda que le modificó su identidad bajo el argumento de que todo era válido con tal de mantener la Concertación, pues de otro modo perdíamos el gobierno, y si se perdía el gobierno perdía el pueblo.
Es decir, un sofisma autojustificatorio del abandono del espíritu crítico, de la capacidad transformadora para enredarse en algo parecido a la reflexión del marxismo autoritario: nosotros representamos los intereses del pueblo y quien esté contra este pensamiento es un enemigo del pueblo.
Bien, una tarea clave es reponer la legitimidad del pensamiento crítico y de reclamar coherencia con las prácticas políticas. No se trata de terminar la alianza del centro con la izquierda o de “matar” a la Concertación, sino que se trata de revitalizar a la izquierda para que exista, con pensamiento propio y nuevas identidades -ni escondida en el progresismo ni chantajeada por el centro-, como expresión de mayorías, en vez de conformarse con lánguidos apoyos electorales.
En este sentido, hay que rescatar la virtud de tener un programa claro, pues las cosas no pueden relativizarse tanto como para abandonarlo en pos de lo menos malo.
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