sábado, 12 de febrero de 2011

Qué significa refundar la Concertación

Qué significa refundar la Concertación

Qué duda cabe: la Concertación ha dejado de existir. Es esta conclusión la que se desprende de los dimes y diretes de los presidentes de los cuatro partidos concertados, tras un errático comportamiento legislativo a lo largo del 2010, una que otra mayoría relativa para aprobar proyectos de ley del Gobierno y el abandono de la coalición de dos diputados, René Alinco (ex PPD) y Sergio Aguiló (ex PS). Efectivamente esto no da para más, como así lo prueba la declaración conjunta leída (y ya no improvisada, lo que da luces sobre la gravedad de los dilemas del conglomerado) por el timonel del PS, Osvaldo Andrade, en la que se subraya el compromiso de los 4 partidos de recomponer totalmente a esta coalición de centroizquierda. El problema es que, llevado a la realidad, nadie sabe exactamente qué significa “recomponer” —una opción minimalista— o “refundar” a la Concertación —una alternativa tan maximalista como ajustada a la complejidad de la actual coyuntura.


Tras 20 años de gobierno ininterrumpido y uno de oposición paupérrima, “refundar” significa antes que nada desechar dos ejercicios estériles, porque de ellos nada se podrá sacar en limpio ante la imposibilidad de llegar a acuerdos. El primero consiste en concordar en un balance de dos décadas de hegemonía gubernamental, y el segundo en entenderse sobre las razones de por qué se perdió en la última elección presidencial. Tesis “corta” versus tesis “larga”, o el vaso medio lleno enfrentado al vaso medio vacío.


Algunos podrán objetar —con la apariencia del sentido común— que si no es posible concordar en estos dos ejercicios elementales, será imposible reconstruir la coalición. Y es cierto:


precisamente por ello es que lo único que cabe hacer es refundar esta alianza política sobre nuevas bases, en donde el futuro tensiona la práctica del presente. En cuanto al balance, cada cual experimentará la historia de estas dos décadas a su manera, hasta que la reflexión de los intelectuales —también ella divergente— cruce el umbral de los partidos y se transforme en el cemento de la memoria colectiva, aquella que perdura. Así fue en España y Francia tras más de una década de gobiernos de izquierda en cada caso, y así será en Chile.


Siendo diferentes todas las demás cosas, para refundar es importante distinguir entre el proyecto y el programa, en donde el primero posee una vida útil muy superior al segundo, al dibujar ideas gruesas de reformas para aproximarse a una sociedad deseable (pongamos por caso en 20 años más). Se debe entonces comenzar con un proyecto poblado de metas de mediano y largo plazo, el que deberá ser diseñado por fuerzas sociales y políticas. ¿Cómo hacerlo de verdad?


Inventando un foro político y social de carácter permanente, formado por varias decenas de personas representativas y legitimadas por organizaciones sociales y partidos. Es ese foro el que deberá nutrir de ideas de proyecto a la política opositora. En cuanto al programa, éste vendrá por añadidura y cuando corresponda, en donde manda el largo plazo (eso que antaño se llamaba proyecto histórico), lo que resta dramatismo a la identidad de los redactores.


Ciertamente, en este diseño de coalición política y social entre el centro y la izquierda existen obstáculos y riesgos. El primero de ellos es la desconfianza del mundo social hacia los partidos.


El segundo, la capacidad de la propia sociedad civil que se siente de centro o de izquierda social en generar representantes y liderazgos claros (¿quién o quiénes, por ejemplo, y de qué modo surgirán las representantes del mundo feminista?). El tercero, la amenaza de absorción de los partidos por la sociedad civil. El cuarto, la posibilidad siempre presente de manipulación de la sociedad civil por parte de los partidos. Finalmente, el escepticismo DC sobre su propia capacidad en encontrar eco social en esta esquiva sociedad civil, entendiendo como tal asociaciones, ONGs, sindicatos, gremios, federaciones estudiantiles, etc. Todas estas manifestaciones de desconfianza deberán ser superadas por reglas y procedimientos, algo así como una Constitución que permita vivir juntos a estos dos mundos que fueron separados a partir de 1990.


En todos los casos, los plazos se tornan urgentes, lo que exige un itinerario que no puede superar el calendario útil de este año. Tengo conciencia del juicio de insanidad que esta columna despertará en los hábitos de quienes fundaron la Concertación y entre aquellos que se acomodaron a sus inercias, pero si se quiere disponer de una garantía de seguro éxito para la próxima contienda presidencial, no veo otra alternativa que esta insanidad guiada por la razón.

martes, 1 de febrero de 2011

Exclusivo: Los nuevos casos que investigará el Juez Carroza

Un movido y extenuante 2011 se le avecina a Mario Carroza, además de investigar la muerte del ex presidente Salvador Allende, el juez tiene planeado aclarar varios casos que han dormido en tribunales por años. “Pretendo llegar donde ningún hombre ha llegado antes… todo por la justicia”, afirma.

Motín contra Arturo Prat: Carroza tiene en carpeta investigar un posible motín que se habría producido a bordo de La Esmeralda y que habría terminado con Arturo Prat siendo disparado vía cañón hacia el Huáscar. “Es importante que se sepa la verdad. Vamos a empezar la investigación a penas el fisco nos autorice los 23 millones de dólares que sale hacer la reconstitución de escena”, dijo
el juez.

Asesinato de José Manuel Balmaceda: A las manos del juez llegó una carta anónima señalando que la muerte del ex presidente Balmaceda no sería producto de un suicidio como dice la historia, si no que un magnicidio de tomo y lomo. “Según mi fuente, una horda revolucionaria habría asesinado al presidente Balmaceda tirándole un piano en la cabeza”, señaló Carroza.

Fallida rinoplastia a Eduardo Frei Montalva: El juez destaparía un gran secreto: por temor a ser tildado de vanidoso, el ex mandatario Eduardo Frei, habría camuflado una cirugía plástica a la nariz como una operación de hernia de hiato en 1982, “Tengo una declaración del médico a cargo de la operación que me entregó un borracho a la salida de la Piojera, y que paso a leer textual: El presidente quería una nariz respingada como la de este señor (muestra foto de Alessandri), lamentablemente la enfermera confundió la anestesia con arsénico. Fin de la declaración”.

Tongo en muerte de Jesús: “Es un secreto a voces”, dice el juez. “¿Dónde está el cuerpo? ¿Dónde están las pruebas? Hay muchas personas que afirman haberlo visto caminando como si nada al tercer día… todo eso es muy raro y hay que llegar al fondo del asunto”, concluye Carroza.

Una verguenza para el país

Número dos del Ejército reconoció haber sido miembro de la CNI

El general Guillermo Castro Muñoz, actual jefe del Estado Mayor del Ejército, reconoció haber sido un agente de la temible Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía secreta de Augusto Pinochet, según una declaración judicial a la que tuvo acceso Efe.
El general, un especialista en el área de inteligencia y el segundo militar con más antigüedad en la institución castrense, reconoció su pertenencia a la CNI en una declaración judicial que prestó en la investigación por la masacre de 22 campesinos en Paine, en el sur del país, ocurrida en octubre de 1973.

En la declaración, del 19 de junio de 2003 y en la que participó en calidad de testigo, el actual “número dos” del Ejército relata que estuvo en la Escuela de Infantería de San Bernardo, cerca de Santiago, hasta fines de diciembre de 1973, y a principios de 1974 hizo un curso en Panamá.

“En marzo 1974 se me destinó al regimiento de Infantería N°16 de Talca, y en 1979 se me envía a la Comandancia en Jefe, a la Central Nacional de Informaciones“, señaló el uniformado. Castro añadió que permaneció en ese organismo represor hasta 1982, cuando se fue “a la Cuarta Comisión Legislativa (de la Junta Militar) y en 1985 ingreso a la Academia de Guerra“.

Hasta el momento se desconocen las labores que cumplió el general en la CNI, organismo que a fines de 1977 reemplazó a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de Pinochet.

En el proceso judicial por la muerte de los 22 campesinos, el juez Héctor Solís aún trata de identificar a un oficial del Ejército que en 1973 servía en la Escuela de Infantería de San Bernardo con el grado de subteniente, y que participó en la matanza junto al coronel retirado Andrés Magaña, que se encuentra procesado.

El 14 de enero de 2008, el general Castro prestó una segunda declaración en la investigación del mismo caso, aunque esta vez en calidad de inculpado. En esa declaración, a la que tuvo acceso Efe, el uniformado admitió que después del golpe militar también formó parte de una compañía de fusileros en el llamado “Cuartel Dos”, de la Escuela de Infantería de San Bernardo, recinto que fue un centro de detención conocido como Cerro Chena. Sin embargo, Castro dijo al magistrado que “en el ‘Cuartel Dos’ nunca vi detenidos y sólo me enteré después por la prensa que los hubo”.

El general Castro es en la actualidad el “número dos” del Ejército, y se encarga, entre otras funciones, de firmar los informes y documentos que la institución envía a los jueces que investigan la participación de uniformados en los delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar (1973-1990).

Tanto el anterior comandante en jefe del Ejército y actual subsecretario de Defensa, general Oscar Izurieta, como el actual jefe de esa rama castrense, general Juan Miguel Fuente-Alba, han manifestado que en el cuerpo de generales de la institución no queda ningún ex agente de la DINA o la CNI que permanezca en servicio activo.

domingo, 30 de enero de 2011

Una hermosa ciudad que hay que visitar

Una hermosa ciudad que hay que visitar

La ciudad de Arica está situada en el extremo norte de Chile, es conocida como "La Ciudad de la Eterna Primavera" por su agradable clima y excelentes playas que se pueden disfrutar durante todo el año.
Esta moderna urbe se ubica a 2.050 kilómetros al norte de Santiago y cuenta con un excelente servicio turístico como hoteles, residenciales y restaurantes. Sus playas son de fácil acceso, aguas tibias, aptas para baños, excursiones y la práctica de deportes náuticos, entre esas Playas están:

- Playa La Lisera: Ubicada a aproximadamente 2.5 kilómetros del centro de la ciudad.

- Playa Chinchorro: Ubicada a 2 kilómetros al norte de la ciudad de Arica.
Las características principales de Arica y sus playas es por su agradable temperatura tanto en el agua como en el ambiente ya que la temperatura del agua es de 20°C y la ambiental 25°C promedio.

El nivel de las playas es de pendiente suave por lo que son playas seguras y aptas para el baño.

En el sector costero es posible degustar platos en base a mariscos y pescados tales como lenguado, albacora, cojinova y pejerrey.

Que ver en Arica

La Plaza Colón situada frente a la costanera y el puerto, la rodean la ex Aduana, la Catedral de San Marcos y la Estación de Ferrocarril a Bolivia, todos declarados Monumentos Nacionales.

El Morro de Arica es un cerro desde el cuál se obtiene la mejor vista panorámica de la ciudad. Sobre él se encuentra el Museo Histórico y de Armas, abierto a todo público.

Museo San Miguel de Azapa situado en el valle de Azapa a 12 kilómetros de Arica, es el museo arqueológico más importante del Norte Chileno.

Para la entretención nocturna una alternativa es el Casino el cuál se encuentra abierto durante todo el año y se destaca su bella arquitectura del edificio.

Donde Ir a sus alrededores

A Tacna

Ciudad Peruana situada a 54 kilómetros de distancia, el recorrido puede sufrir alguna demora en el cruce de la Aduana del País vecino. Tacna cuenta con un activo comercio y una zona franca.

A Colchane por el Altiplano

Es recomendable hacer este circuito en dos automóviles, el trayecto atraviesa el altiplano, pasando por las aldeas de Guallatiri, Enquelga e Isluga y visitando el Salar de Surire y la Reserva Nacional Las Vicuñas.
Lago Chungará

Se encuentra a 191 kilómetros, se accede por una ruta pavimentada dentro del Parque Nacional Lauca, el bellísimo Lago está rodeado de imponentes volcanes. En el camino podrá visitar las aldeas coloniales de Putre, Socoroma y parinacota, además podrá visitar el Pukara de Copaquilla.

Derechos humanos: cayendo en palabrería hueca

Derechos humanos: cayendo en palabrería hueca

Los gobiernos occidentales estén menos dispuestos a asumir posturas públicas fuertes a favor de los derechos humanos. En cambio, adhieren al “diálogo” y a la “cooperación”.

A ningún gobierno le gusta enfrentar presiones públicas respecto de los derechos humanos. En estos días, su estrategia de elusión favorita es declarar una preferencia por el “diálogo” y la “cooperación” privados: una opción atractiva porque se da tras puertas cerradas. Lo triste es que importantes potencias occidentales han caído en esta trama. Reacios a que vuelen plumas y ávidos al mismo tiempo de ser vistos como que están “haciendo algo”, adhieren cada vez más al mismo subterfugio.

No hay nada inherentemente malo en el diálogo y la cooperación para promover los derechos humanos. Tiene sentido cuando un gobierno quiere demostrablemente respetar los derechos pero carece de los recursos necesarios o del know-how técnico. Pero cuando falta la voluntad política de salvaguardar los derechos, como ocurre a menudo, es necesaria la presión pública, tanto para declaraciones como para sanciones focalizadas.

El recurso exclusivo al diálogo silencioso y la cooperación se convierte en una charada diseñada más para apaciguar a los críticos de la complacencia que para asegurar los cambios. Y debido a que el diálogo silencioso y la cooperación con frecuencia se parecen al consentimiento, los activistas domésticos de los derechos humanos sienten indiferencia en lugar de solidaridad.

Los gobiernos occidentales siguen dispuestos a aplicar presión pública cuando la conducta de un gobierno es tan ofensiva que se impone sobre otros intereses, como en Irán, Corea del Norte, Sudán y Zimbabwe.

Pero en demasiados casos el cambiante equilibrio global del poder (sobre todo el ascenso de China), una intensificada competencia por los mercados y los recursos naturales, y la declinación de la posición moral de las potencias occidentales debido a sus propios abusos en el contraterrorismo han hecho que los gobiernos occidentales estén menos dispuestos a asumir posturas públicas fuertes a favor de los derechos humanos. En cambio, adhieren al “diálogo” y a la “cooperación”, no obstante su futilidad.

Un trasgresor clave ha sido la Unión Europea (UE). Se negó, por ejemplo, a avalar una comisión para investigar las atrocidades cometidas por la junta militar birmana.

La alta representante de la UE, Catherine Ashton, dijo esa vez: “Idealmente, debiéramos aspirar a asegurar un nivel de cooperación por parte de las autoridades nacionales”. Pero obtener esa cooperación de los militares birmanos sin otras presiones es un sueño de opio.

En Uzbekistán, que brinda una importante ruta de reabastecimientos para las tropas de la OTAN en Afganistán, la UE levantó las sanciones focalizadas contra aquellos responsables por la masacre de 2005 en Andijan porque, según dijo, las sanciones estaban “alienando” al gobierno e “interponiéndose en el camino a una relación constructiva”, como si ser amables con un gobierno que negó sus responsabilidades por la muerte de cientos de sus ciudadanos fuese más provechoso para cambiarlo que las presiones sostenidas.

La UE alude a temores similares de alienación al afirmar que los preocupaciones por los derechos humanos no debieran obstaculizar la vía hacia un nuevo acuerdo de cooperación con Turkmenistán, un país severamente represivo con grandes reservas de gas.

Los diálogos sobre los derechos humanos podrían tener cierto impacto si se ligan a puntos de referencia concretos y públicamente articulados. Pero tener que rendir cuentas por resultados concretos es precisamente lo que los participantes del diálogo quieren evitar.

En cambio, la UE ha sostenido que los puntos de referencia incorporarían tensiones en un diálogo y socavarían su rol como un “ejercicio de construcción de confianza”, como si el propósito del diálogo fuese promover buenos sentimientos más que el respeto por los derechos humanos.
Incluso cuando existen puntos de referencia, la disposición de la UE a ignorarlos perjudica su utilidad. Por ejemplo, la Comisión europea está buscando un acuerdo de asociación y cooperación con Turkmenistán, a pesar de que no se puede decir concebiblemente que el gobierno cumpla con las condiciones estándares de derechos humanos de un acuerdo como ese. ¿Cuál es el racional de la UE?

Un “compromiso más profundo” y un nuevo “marco para el diálogo y la cooperación”. En formas parecida, se suponía que las discusiones en torno del ingreso de Serbia a la UE iban a esperar iniciativas sinceras para arrestar al ex líder militar serbio bosnio Ratko Mladic. Ello no ha ocurrido, pero la UE aceptó iniciar de todas maneras las conversaciones.

Éste es un momento particularmente inoportuno para que la UE pierda su voz pública, porque los gobiernos represivos no han tenido inconveniente alguno para hacer oír las suyas, ya sea cuestionando como selectivos a los fiscales internacionales contra crímenes de guerra, elogiando la vía autoritaria china al desarrollo económico o avalando los indiscriminados asesinatos de civiles por parte de los militares de Sri Lanka.
El uso de la presión pública no impide conversar con gobiernos represivos.

La experiencia de Human Rights Watch muestra que el aguijón de la información pública, y el deseo de influir en ella, mueve a los gobiernos a una conversación más significativa. Si una organización no gubernamental puede relacionarse con líderes opresivos mientras habla sobre sus abusos, también pueden hacerlo los gobiernos.

El diálogo silencioso y la cooperación siguen teniendo un lugar cuando un gobierno abusivo muestra una voluntad genuina para reconocer violaciones a los derechos y se compromete a soluciones. Si no es así, la presión pública debiera ser la respuesta por default a la represión.

Defender los derechos humanos rara vez es cómodo. Pero si los gobiernos quieren proteger en cambio otros intereses, debieran tener la valentía de admitirlo, en lugar de esconderse detrás de diálogos sin sentido y búsquedas infructuosas de cooperación.

miércoles, 26 de enero de 2011

Hombre que hizo época


Hombre que hizo época

Un hombre que he respetado y admiro desde siempre aunque tengamos ideales y conceptos distintos de ver la vida, lo de la reforma agraria y temas con el cobre al Estado los apoyo completamente como seguidor de esas iniciativas, aunque no apoye la forma en que se hicieron algunas cosas de esos temas, valoro a este estadista de peso, no como su hijo que es "producto del marketing político" al igual que Bachelet y otros. Mi columna.

Se cumplen dos fechas emblemáticas en la existencia de don Eduardo Frei Montalva: 100 años de su nacimiento y 29 de su fallecimiento. Durante ese lapso fue abogado y periodista, destacado político, parlamentario, autor de numerosas obras y artículos de prensa y en el plano personal un cristiano practicante y patriarca de una familia a la cual amó como amó sus ideas y su patria.

Frei emergió como líder desde que ingresó a la Universidad Católica. Con un reducido grupo de amigos descubrieron la inagotable vertiente de la Doctrina Social de la Iglesia y, para llevarla a la práctica, decidieron levantar una opción política inspirada en ella pero sin sentido clerical. Hasta entonces los políticos chilenos no se habían identificado con el pensamiento social cristiano, iniciado con la Encíclica Rerum Novarum en la que León XIII abogó por una respuesta humanista cristiana a los problemas de los trabajadores.

Frei y sus amigos, organizados como Falange Nacional al interior del tronco conservador, fueron la primera expresión católica con sentido político que se midió con las proposiciones laicas o francamente revolucionarias.

Los jóvenes estudiantes con el tiempo devinieron en el actual Partido Demócrata Cristiano, creando un espacio político "más allá de izquierdas y derechas", emplazado en el centro de la sociedad chilena, con anhelos renovadores inspirados en el mensaje cristiano. Por cierto que hubo otros hombres y mujeres que iniciaron la siembra, pero Frei fue el más destacado y conocido en el país y en el exterior, particularmente después de su brillante desempeño como ministro de Obras Públicas en el gobierno del Presidente Ríos.

Este hombre fogueado, carismático, honesto y consecuente fue elegido Presidente de Chile y condujo los destinos del país entre 1964 y 1970, llevando a cabo un proceso transformador, equilibrado y profundo, verificado con pleno respeto del Estado de Derecho. Fue el gobierno de un estadista que realizó una "revolución en libertad", definida por él como "un camino para transformar las estructuras económicas y sociales con pleno respeto al sistema democrático, un método político nuevo frente a las viejas estrategias liberales o totalitarias".

Las obras están a la vista, incluso con sus carencias o fallas. Los resultados en educación, minería, industria, obras públicas, agricultura o relaciones internacionales así como las cifras económicas, enfrentan exitosamente cualquier examen objetivo.

Con todo, ninguna acción caló más en el corazón de Chile como la de haber otorgado dignidad a los trabajadores, a los campesinos, a los pobladores, a las mujeres. Muchos de ellos por primera vez fueron tratados como seres humanos y protagonistas de una historia que les pertenecía y a la que sólo miraban pasar.

Concluido su mandato, Frei quiso dedicarse a su íntima vocación: escribir, leer, pronunciar conferencias. El implacable combate ideologizado que entonces dividía a Chile lo llevó a retornar a la política activa, siendo elegido senador por Santiago y presidente de esa corporación.

Encabezó entonces una oposición racional, que se planteaba decididamente crítica al gobierno de la época, pero siempre abierta al diálogo que, lamentablemente, no fructificó.

El colapso institucional, del cual dijo "nadie puede proclamarse inocente", lo llevó a concentrar esfuerzos por la recuperación democrática, imbuido de una "profunda esperanza", recurriendo a la vía pacífica y contrario a toda violencia. Buscó integrar en el esfuerzo a "hombres y mujeres pertenecientes a las más diversas filosofías, credos religiosos y linajes que quieran cooperar con el bien común, con tal que coincidan con los dogmas fundamentales de una sociedad de hombres libres", pues siempre creyó en la convergencia entre los humanistas cristianos y laicos, sin perjuicio de sus diferencias no sustanciales.

Porque creía en el pluralismo de las ideas y confiaba en las suyas no tuvo inconveniente en cotejarlas lealmente con las ajenas.

Tuvo razón Cristián Gazmuri al señalar en la biografía de que es autor que la figura de don Eduardo Frei Montalva para el historiador se alza como un hombre que hizo época. Corresponde ese juicio respecto de quien ejemplarmente consagró su vida al "arte tan difícil y tan noble que es la política", según palabras del Concilio Vaticano II.

Las paradojas de la Concertación

Las paradojas de la Concertación

En La suma de todos los miedos, un filme dirigido por P. A. Robinson en 2002, se narra la historia del estallido de una bomba sucia en la ciudad de Baltimore, en un ataque perpetrado por nazis con el fin de provocar un conflicto nuclear entre Rusia y los Estados Unidos. De producirse esta conflagración tan temida por todos, las consecuencias serían devastadoras. Pues bien, desde la aprobación de la “gran” reforma educacional (que de “gran” no tiene casi nada) entre el Gobierno y una mayoría relativa de senadores de la Concertación, todos los miedos se han sumado en lo que concierne el futuro de la coalición.

A decir verdad, lo sucedido con la reforma educacional no debiese suscitar sorpresa, ya que desde hace años se observan profundas diferencias en la propia Concertación sobre cómo asegurar calidad revirtiendo el declive de la educación municipalizada.

Aún más: varios habíamos alertado sobre los riesgos de división e incoherencia involucrados en una reforma educacional promovida por el Gobierno; esto es, en un tema en el que la derecha es mucho más homogénea que la centro-izquierda. En el centro de esta controversia en la que se combinan confusiones, dudas y algo de ignorancia, lo que se juega son distintas concepciones de la educación pública.

¿Es pública la actividad educativa, sus mensajes y contenidos, independientemente de las características del sostenedor y de la propiedad del establecimiento en el que se imparte? ¿Basta que los recursos económicos sean fiscales para que la educación así financiada sea pública? O bien, ¿la educación es pública —municipalizada o estatal—, porque sólo allí se garantiza el cemento de una comunidad de ciudadanos, eso que se llama civismo y pertenencia a algo más importante que la familia?
Es a estas preguntas que la Concertación ha sido incapaz de responder de modo coherente, y es considerable el riesgo de que algo parecido suceda ante posibles reformas de la política pública de salud. En ambos casos, una oposición de centro-izquierda racional debiese orientar sus respuestas y su conducta legislativa nutriéndose de su propio programa de gobierno (que no existe), sin eludir el vago (pero real) deseo popular de reformas que es registrado por las encuestas de opinión.

La paradoja de esta suma de todos los miedos es que sólo un partido se encuentra sometido a un plan de pago indefinido de los costos del psiquiatra: el PS. La hemorragia de dirigentes sigue latente, puesto que en los últimos dos años han abandonado sus filas A. Navarro, J. Arrate, ME-O, C. Ominami y, hace poco, el diputado Aguiló.

La paradoja es que el desangre tiene lugar en la izquierda de la coalición, ya que por su derecha nada similar es siquiera imaginable (desde Schaulsohn hasta A. Zaldívar, un proceso en donde el retiro sin decoro de J. Ravinet debiese bastar para despejar la fantasía del gobierno de unidad nacional).

No tengo ninguna duda de que, para salir de este infierno concertacionista, la llave se encuentra al interior del PS, dada su condición de partido bisagra entre los socios. Llegó el momento de usarla, para lo cual es preciso aceptar la antipatía popular como dato y hacer oídos sordos a la denuncia gubernamental de una oposición obstruccionista (que no existe, ya que la mitad de los proyectos de ley han sido aprobados desde marzo del 2010, lo que sólo se logra con los votos de la Concertación).

Por torpeza propia, lo que queda es la sensación obstruccionista, explicable por la cacofonía entre las distintas partes de la oposición.

J. A. Gómez, el líder del radicalismo, no se equivoca al apurar los plazos y procesos mediante procedimientos que regulen las controversias, incluso amenazando con su propio retiro de la coalición; es decir, mediante el suicidio entusiasta.

Pero, al mismo tiempo, yerra en la estética del nuevo nombre de la coalición (una insípida “opción democrática”) y, sobre todo, en el itinerario, puesto que la nueva marca debe ser la consecuencia, y no el inicio, de un proceso refundacional que también debe ser explicado en sus formas, metas, obligaciones y derechos de las partes, y naturalmente en su contenido, del cual nadie habla.